Let´s get lost. 1988, Bruce Weber

Quien busque en esta película una biografía al uso o el retrato preciso del músico de jazz Chet Baker, quedará decepcionado. Porque "Let´s get lost" es, sobre todo, un ejercicio narrativo, una mirada personal al complejo universo de un artista singular. El fotógrafo Bruce Weber acompaña con su cámara el devenir de un moribundo, un músico que se encuentra milagrosamente vivo y este hecho impregna cada fotograma de una trascendencia subliminal, eludiendo el morbo o el dramatismo fácil. Weber sabe también esquivar las tentaciones de tantos otros documentales biográficos y no se limita a rendir pleitesía a su personaje, sino que muestra sus zonas de sombra sin emitir en ningún caso juicios de valor. Con un tratamiento visual a medio camino entre el documentalismo experimental y el reportaje de investigación, en un blanco y negro duro y hermoso, un montaje muy efectivo y un empleo de los temas musicales que no ilustra la narración, sino que la construye, esta película consigue caminar en un terreno difuso pero tremendamente atractivo: El juego combinado entre dos artistas de carácter, Chet Baker y Bruce Weber, en un diálogo sincero en el que media la lente de una cámara inquieta y muy inspirada. Lírica y seca, bella y triste, "Let´s get lost" logra atrapar un pedazo del espíritu del gran Chet Baker. Ahí radica su hazaña.

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