La teta asustada. 2009, Claudia Llosa

La segunda película que firma Claudia Llosa como directora bien podría ser la de una veterana. Tal contundencia tienen sus imágenes y tan profundo es su calado, que “La teta asustada” supone un gozo para el espectador exigente. Partiendo de unos hechos terribles, las violaciones cometidas por los miembros de Sendero Luminoso en el Perú de los años 80 y sus consecuencias, la realizadora despliega su capacidad de evocación y desarrolla un discurso de un lirismo sin dobleces ni gratuidades, que va directo a la esencia de la historia y que permite que su visionado no sólo resulte soportable, sino gratificante a pesar del horror que narra. Esta habilidad pertenece a pocos cineastas, y Llosa está entre ellos. Ella tiene la virtud de saber trascender el paisaje en el que se mueven sus personajes en mucho más que un decorado, en un entorno donde conviven la ensoñación y el documento, como una nueva revisitación del realismo mágico. Llosa mueve a sus criaturas con convicción, y lleva de la mano hasta el final a su peculiar protagonista, la actriz Magaly Solier, que es capaz de arrojar luz sin apenas palabras sobre un personaje cargado de sombras y de aristas que no llegan a pulirse hasta el último plano de esta fábula profundamente triste y hermosa. “La teta asustada” es una muestra de lirismo cinematográfico que no hace rimas fáciles ni se entretiene en retóricas que no alimenten sus imágenes. Un ejercicio de estilo depurado hasta el extremo sin parecerlo, sin hacer nunca exhibición de sus méritos. En definitiva, una muestra de puro y simple talento.

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