Sin conciencia. "The enforcer" 1951, Bretaigne Windust, Raoul Walsh

Una joya que cuenta con elementos suficientes para seducir a los amantes del género negro: un relato intrincado, cargado de electricidad, una galería fascinante de personajes, y Humphrey Bogart. El director británico Bretaigne Windust hubo de ser sustituido durante el rodaje por el maestro Raoul Walsh, un hecho que sin duda benefició al resultado final y convirtió un discreto producto de género en un vigoroso ejercicio narrativo que el siempre eficaz Walsh condujo con el pulso firme y conciso que la historia requería. Mediante una estructura de cajas chinas que ocultan siempre otras en su interior, la trama consigue desarrollarse con fluidez sin que el espectador pierda el interés en ningún momento, a pesar de los sucesivos saltos en el tiempo que el guión de Martin Rackin resuelve con eficacia. La acción avanza sin descanso y la multitud de personajes evoluciona en torno a Bogart, que ejerce además las labores de producción, y está magnífico en su papel de capitán de policía que lucha a contrarreloj por resolver un caso mucho más complejo de lo que parecía en un principio. La música de David Buttolph, la fotografía de Robert Burks y la fabulosa dirección de actores terminan de redondear el conjunto. Seca como un licor de alta graduación, directa como un disparo a bocajarro y turbia como una bocanada de humo en blanco y negro, "Sin conciencia" es un ejemplo del mejor cine negro, aquel que se sirve de las claves de un género de ficción para mostrar las miserias de la realidad y el lado menos amable del sueño norteamericano.

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