Submarino. 2010, Thomas Vinterberg

Jonas T. Bengtsson es un joven escritor danés que con su novela "Submarino" consiguió formar un buen revuelo en Dinamarca, a causa de la crudeza del argumento y de los personajes, retratando el lado menos amable de la perfecta sociedad del bienestar. Su compatriota el cineasta Thomas Vinterberg, quizás ansioso por escapar de la sombra de "Celebración", la película que le otorgó fama internacional y el justo reconocimiento de la crítica, regresa al drama familiar esta vez multiplicado por ciento, y adapta el libro de Bengtsson sin escamotear ni una coma de la sordidez del texto original. El resultado es una película de extremada dureza, una loa a la desolación que pone a prueba la sensibilidad del público hasta la llegada de los títulos de crédito finales, recibidos como un bálsamo. Hasta entonces, "Submarino" es un film que duele en cada una de sus escenas. Las interpretaciones de los actores alcanzan la excelencia y permiten un lejano resquicio de identificación con sus personajes, realmente la tarea más ardua que deben afrontar frente a unos caracteres que les convierten al mismo tiempo en víctimas y en verdugos. Tal vez Vinterberg hubiese necesitado mayor pudor y mesura en el tono del relato, pues el exceso de tremendismo está a punto de arruinar en más de una ocasión la credibilidad de la película. La frialdad de las imágenes y de la puesta en escena resulta hiriente, y la ausencia de filtros de ningún tipo que puedan aliviar el desgarro de esta historia obliga al espectador a acorazarse durante el visionado para salir indemne. Porque "Submarino" funciona demasiadas veces como una exhibición de la desgracia, corriendo riesgos como los de resultar, de tan valiente, temeraria, y de tan realista, casi irreal.

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