Un tipo serio. "A serious man" 2009, Joel y Ethan Coen

Si algo han demostrado los hermanos Coen tras veinticinco años de carrera y más de una docena de películas, es una independencia creativa y una libertad a la que pocos directores en Hollywood pueden aspirar. Y es que al contrario que la mayoría de los realizadores que trabajan para los grandes estudios, ellos han sabido servirse de la industria para llevar a cabo su obra sin hacer concesiones ni tergiversar un estilo que, desde el principio, se ha demostrado inconfundible. Se trata de un estilo muy definido y lleno de señas de identidad tanto en en el fondo como en la forma, en el cual la personalidad de estos dos cineastas ha sabido imponerse sin terminar diluyéndose en una amalgama de referencias que van desde los dibujos animados de Tex Avery hasta el cine de género más clásico. “Un tipo serio” es un muestrario del universo Coen comprimido en menos de dos horas, seguramente la película que mejor les retrata y más se acerca a sus obsesiones.
El relato arranca con un prólogo fabulador y desconcertante, al estilo de “El gran salto”, para dar paso a una historia que contiene el humor bizarro de “Arizona baby” y “Quemar después de leer”, la ironía de “Muerte entre las flores”, la mordacidad de “Crueldad intolerable”, el surrealismo de “El gran Lebowsky”, la negrura de “El hombre que nunca estuvo allí”, la profundidad de “Barton Fink” y la sequedad de “No es país para viejos”, sólo por citar algunos títulos de los Coen. Aunque temáticamente, “Un tipo serio” puede hacer pensar en una versión hebrea de “American beauty”, ya que narra el descenso a los infiernos de lo cotidiano de un padre de familia de mediana edad. La originalidad consiste en enmarcar la historia dentro de una comunidad judía de clase media que los Coen demuestran conocer bien, y a la que retratan al borde de la sátira. Porque esta es una película de límites: ahí radica su grandeza. “Un tipo serio” está al límite de resultar grotesca, no es ni demasiado triste ni demasiado cómica, ni demasiado realista ni demasiado irreal, es, en definitiva, puro hermanos Coen. El guión es rico en cuanto a situaciones y personajes, sabe alterar los estados de ánimo del espectador con una naturalidad que sólo se alcanza con sabiduría narrativa y riesgo. Los acontecimientos se suceden en la pantalla como arrastrados por un hilo invisible que, sólo al final, dejará al descubierto una madeja tan redonda como bien estructurada. Algo a lo que contribuye la realización, ágil y efectiva, con un montaje que llena los tiempos muertos de puro dramatismo.
“Un tipo serio” se puede ver como una pesadilla cargada de humor o como una comedia profundamente triste, pero sobre todo como un film inteligente, la quintaesencia de unos directores que demuestran no necesitar estrellas en el reparto, sino un buen puñado de actores que encajan a la perfección en el molde de sus personajes, para construir una película fascinante que da buena cuenta de su talento como guionistas, como directores y como productores. En definitiva, como cineastas en el amplio sentido de la palabra.

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