El aficionado. "Amator" 1979, Krzysztof Kieślowski

El argumento del hombre con una cámara que siente la pulsión de hacer cine ha sido llevado a la pantalla en diversas ocasiones: desde "El cameraman" de Buster Keaton hasta "Mapa" de León Siminiani, pasando por "El fotógrafo del pánico", "Arrebato" o "El vídeo de Benny" entre otros ejemplos. La prueba de que el mejor antídoto contra la reiteración es un director con personalidad, la ofrece Krzysztof Kieślowski en "El aficionado", una especie de autobiografía inventada que mezcla la ficción con los recuerdos y las primeras experiencias del director polaco. 
"El aficionado" gira en torno a un hombre corriente que adquiere una cámara de 8 mm. para inmortalizar los primeros pasos de su recién nacido. Poco a poco, este anodino agente de ventas se verá afectado por el veneno del cine al comprobar cómo sus filmaciones influyen en su alrededor, hasta encontrarse en la encrucijada de tener que elegir entre la vida y el cine.
Planteada como una fábula moral, "El aficionado" conserva el tono de comedia durante su primera parte, correspondiente a la exploración del entorno y de los personajes, a través de un humor que se va tiñendo de melancolía según avanza el metraje. El retrato de costumbres va dando paso a la reflexión sin que el espectador pueda percibir la injerencia. Esta es la virtud de Kieślowski: la moraleja sin solemnidad, el pensamiento accesible.
No es una justificación decir que la austeridad presupuestaria de "El aficionado" termina favoreciendo su resultado final. Se trata de una película carente de manierismo, lo que provoca una sensación de inmediatez, de documento filmado, que refuerza la profunda honestidad del film, creando una complicidad con el espectador imposible de esquivar. Los cinéfilos encontrarán en "El aficionado" una especie de contraseña secreta, un gozo íntimo y reconocible. Gran parte de esta identificación se debe al trabajo de Jerzy Stuhr, el actor protagonista, capaz de hacer creíble la obsesión de su personaje sin recurrir a excesos ni trucos de efecto. Con un pie en la comedia y otro en el naturalismo, Stuhr domina los recursos necesarios para no caer en lo críptico ni en la obviedad, más bien al contrario: cualquiera puede verse reflejado en la lente de este observador que busca por medios artificiales interferir en la realidad. El final de la película es tan paradójico como revelador: la cámara invierte su ángulo y el observador se convierte en observado. Ahora que ocupa el encuadre, el cineasta debe tomar partido, ser retratado. Las analogías vampíricas que Zulueta estableció aquel mismo año son representadas en "El aficionado" de forma sencilla y directa, logrando la emoción.
continuación, "Gadające głowy", el cortometraje documental que Krzysztof Kieślowski rodó en 1980 siguiendo el ideario que "El aficionado" planteaba mediante la ficción. El ejercicio de mirar asumiendo la responsabilidad del director de cine. Fragmentos de la realidad en los que todavía podemos reconocernos:

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