Mary and Max. 2009, Adam Elliot

Cuatro cortometrajes. Eso es todo lo que el director australiano Adam Elliot ha necesitado para crear un estilo propio y un universo plagado de lugares reconocibles, personajes cercanos y situaciones con capacidad para conmover sin recurrir a tópicos ni a recursos fáciles. De alguna manera, Elliot ha sido capaz de construir sus propios clichés a base de mezclar humor con marginalidad. Sus personajes están siempre al borde de la locura o directamente afectados por desórdenes del comportamiento. Son individuos que luchan por encontrar su lugar en el mundo, asediados por la soledad, en medio de historias tremendas que Elliot presenta bajo un envoltorio de comedia. Una comedia amarga, llena de negrura y que juega con las expectativas del espectador, obligándole a seguir la trama con una atención cercana a la hipnosis. Esta comunicación que se establece a ambos lados de la pantalla permite que el relato, en un principio bastante oscuro, se vuelva digerible, luminoso, ejemplarizante. Porque además de un magnífico director de animación, Adam Elliot ha demostrado ser un humanista imbatible.
"Mary and Max" es su primer largometraje y la culminación de todo lo hecho con anterioridad. El estilo de Elliot se ha ido sofisticando con los años, dando como resultado un armazón narrativo de suficiente consistencia como para sostener el esmerado acabado visual de la película. Más que un debut, se trata de un ideario, una radiografía, la congregación de los dones de su autor.
A los aspectos técnicos y artísticos de "Mary and Max" se suma la inspiración en el diseño de los personajes y los decorados, de gran belleza, aun cuando Elliot insiste en la sordidez y en la melancolía habituales en su obra. Siendo un film de indudable fuerza estética, ninguno de los elementos formales distrae al público de lo que de verdad importa, que es la historia.
El relato de un niña con problemas afectivos que vive en un pequeño pueblo de Australia y su correspondencia a través de los años con un maduro ciudadano de Nueva York, todavía más necesitado de cuidados que ella, llena el guión de secuencias entre lo terrible y lo sublime. Un difícil equilibrio que el pulso firme de Elliot logra mantener en todo momento, ofreciendo una película genial que consigue instalarse en la memoria de quienes han tenido oportunidad de verla. Porque resulta incomprensible que una joya como "Mary and Max" haya tenido una distribución tan pobre en Europa, y que ni siquiera haya conseguido estrenarse en España. Es por eso que rompo una tradición de este blog y añado un enlace para poder verla. No se arrepentirán.
A continuación, "Brother", el cortometraje que Adam Elliot dirigió en 1998 y en el que mezclaba la fantasía con algunos episodios de su propia vida. La técnica del stop-motion, el empleo de la voz en off, los personajes extravagantes y el humor negro anticipan las líneas maestras de "Mary and Max". Bastan apenas ocho minutos para revelar el talento embrionario de un autor que era capaz de lograr grandes cosas con los recursos mínimos. Que lo disfruten:



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