¿Arde París? "Paris brûle-t-il?" 1966, René Clément

Si ya de por sí la adaptación cinematográfica de cualquier novela supone una selección del texto original, cuando se trata de filmar una obra de la magnitud de "¿Arde París?" las dificultades se agravan considerablemente. La multitud de situaciones, personajes y escenarios diferentes que se reparten a lo largo de la novela de Dominique LaPierre y Larry Collins encuentra difícil acomodo entre los márgenes de una pantalla de cine. No en vano la película, cuya duración sobrepasa las dos horas y media, debe dejarse muchas cosas por el camino. O por lo menos esa es la sensación que se tiene durante buena parte del metraje, ya que los personajes y sus motivaciones aparecen abocetados, faltos de información, lo que provoca cierto desconcierto en los espectadores legos en hazañas bélicas.
Carente de un único punto de vista, "¿Arde París?" adopta la forma de un relato poliédrico, en cuyas caras se refleja el acontecimiento histórico y la implicación de sus protagonistas, desde el panadero colaborador con la resistencia francesa hasta el mismísimo führer. La producción del film no escatima en medios ni en actores, así, se pueden descubrir los rostros de Simone Signoret, Yves Montand, Glenn Ford, Kirk Douglas, Jean-Louis Trintignant y un largo etcétera, interpretando brevísimos papeles. Esta idea de hinchar el reparto de la película con nombres de relumbrón puede terminar resultando perjudicial, ya que se corre el peligro de que el público esté más pendiente de ver cuál va a ser la siguiente cara conocida en asomarse a la pantalla, que en los propios personajes. En definitiva, se sacrifica la credibilidad del relato por el elenco de campanillas. Una opción peligrosa cuando es verosimilitud lo que persigue René Clément en el intento de construir una crónica completa de los días previos a la liberación del París ocupado por los nazis.
La película transcurre entre la acción y los diálogos, sin que ambas partes lleguen del todo a compensarse. El guión de Gore Vidal y de un veinteañero Francis Ford Coppola trata de rellenar con estrategias y conspiraciones los huecos que anteceden a la batalla, provocando que la narración gane interés cuando la cámara de Clément desciende de los despachos y se asienta sobre los adoquines de París. El cine sustituye entonces a la literatura y consigue empatizar con el espectador abrumado por los datos históricos.
A través de unas imágenes en blanco y negro cercanas al fotoperiodismo de contienda, el director atrapa la realidad intercalando planos de archivo rodados apenas veinte años antes en las mismas calles. La emoción de muchos figurantes no es fingida, y la ficción coquetea con el documental. Este es el punto fuerte de "¿Arde París?", lo que convierte su primera parte en un largo preludio del momento de la liberación de la ciudad. Clément se recrea para ello en una épica sin heroísmos, que conjuga bien lo doméstico con lo militar y el drama con el humor. Las virtudes de esta última parte alivian las torpezas y los desequilibrios del conjunto, en una película que si bien no demuestra todo el potencial de René Clément como director (se acusan ciertas tosquedades tanto en la planificación como en el montaje), sí logra reconducir las ambiciones de su producción hasta tocar la sensibilidad del público.
A continuación, un extracto de la banda sonora que Maurice Jarre compuso para la película, cuyo espíritu se sintetiza en una marcha militar desplazada por el aire del vals. Que lo disfruten:

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