Me convirtieron en un criminal. "They made me a criminal" 1939, Busby Berkeley

Conocido por sus musicales caleidoscópicos, Busby Berkeley dejó también la impronta de su talento en otros géneros como el noir pugilístico en "Me convirtieron en un criminal". El director norteamericano trasladó la elegancia y el virtuosismo de sus espectáculos coreográficos hasta el drama de personajes que los estudios de cine explotaban en los años treinta: modernas fábulas aleccionadoras que trataban de inculcar valores morales a un público golpeado por los efectos de la Gran Depresión. De este periodo salieron algunos títulos ("Callejón sin salida", "Ángeles con caras sucias") y un grupo de jóvenes actores, los Dead End Kids, que añadieron espontaneidad a las moralejas de estos films.
"Me convirtieron en un criminal" tira de estos mismos hilos sin enredarse en subtramas románticas ni chapotear en el almíbar. Cada elemento del guión está perfectamente medido para provocar diversión y emoción a partes iguales, por eso, el acierto de Berkeley consiste en agrandar las virtudes del texto por medio de una planificación ágil y concisa, y de extraer de los actores las mejores interpretaciones.
John Garfield resulta magnífico en su encarnación del boxeador fugitivo, bien acompañado por un elenco amplio y variopinto en el que se puede encontrar a Claude Rains, Ann Sheridan o Ward Bond. Nombres que aparecen brevemente pero que ayudan a dar empaque a esta producción que cuenta, además, con la envolvente partitura de Max Steiner y la fotografía del siempre eficaz James Wong Howe.
En definitiva, "Me convirtieron en un criminal" es una hermosa película que demuestra que Busby Berkeley sabía hacer algo más que sofisticados musicales, y que engarza un eslabón más en la gloriosa tradición del cine negro. 

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