The Boxtrolls. 2014, Anthony Stacchi, Graham Annable

Ya desde su primera película, el estudio Laika se reveló como un referente dentro del mundo de la animación en stop-motion. Corría el año 2009 y Los mundos de Coraline sorprendía por su destreza técnica y su imaginación, dos cualidades inherentes al desarrollo de Laika no como fábrica de productos espectaculares, sino como taller artesano de obras únicas y de calidad. Esta percepción se vio confirmada en 2012 con el estreno de El alucinante mundo de Norman, un fabuloso divertimento que ilustraba la querencia del estudio por los ambientes lóbregos y misteriosos.
Dos años después, Laika adapta a la pantalla el universo literario de Alan Snow para crear Los Boxtrolls, tercer largometraje en poco menos de una década de trabajo concienzudo y laborioso. La película sigue las líneas trazadas por sus antecesoras: una historia con rincones oscuros, envuelta en una estética preciosista cuya pericia técnica está fuera de toda duda.
La trama de Los Boxtrolls ofrece grandes posibilidades visuales que no son desaprovechadas por la producción: la ciudad de Puentequeso vive atemorizada por la leyenda de unos monstruosos seres ocultos en cajas que viven en el subsuelo y que salen por las noches al exterior. La película plantea cuestiones interesantes acerca de la marginalidad y la integración, además de las relaciones de poder representadas en una élite de gobernantes obsesionada por el poder y por el queso.
Tanto el diseño de personajes como de decorados son un prodigio de creatividad, que bebe de tradiciones europeas a la hora de recrear los escenarios donde sucede la acción. Al placer visual se une también el sonoro, con una partitura firmada por Dario Marianelli que imprime carácter y belleza al film. Las imágenes de Los Boxtrolls, hermosamente fotografiadas, trasladan al espectador al mundo extraño y reconocible de los cuentos clásicos, un espacio para la imaginación que los directores Anthony Stacchi y Graham Annable saben poner al día. El guión de la película actualiza los viejos códigos de la fábula y los pasa por el filtro del humor y la emoción, hasta desembocar en un desenlace cargado de adrenalina.
La intención didáctica del argumento de Los Boxtrolls queda camuflada por su espíritu irreverente, por lo menos hasta la parte final, con la llegada de la inevitable moraleja. Es entonces cuando asoma la lección, sin tapujos pero sin cargas moralizantes. No hay que tener cuidado: la película está diseñada al milímetro para contentar a un público de todas las edades, capaz de disfrutar por igual de su brillante compendio de diversión y conciencia, de gracia y melancolía. Un paso más de Laika por la senda de la excelencia en el cine de animación.

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