La oveja Shaun. "Shaun the sheep" 2015, Richard Starzak y Mark Burton

Durante los últimos años, han sido muchas las series de animación que han conocido el tránsito de la televisión a la gran pantalla. Ya sea estirando los éxitos de audiencia (Los Simpson, Bob Esponja) como hurgando en la nostalgia (Los pitufos, La abeja Maya), lo cierto es que este trasvase suele reportar más decepciones que sorpresas. Los motivos se resumen en el desajuste que se produce al hinchar un desarrollo narrativo de veinte minutos en un largometraje de noventa, y en la extraña asociación de términos que los productores acostumbran a establecer entre el cine, el espectáculo y la aparatosidad. Por eso resulta casi un milagro que La oveja Shaun, serie de la CBBC de apenas siete minutos de duración por episodio, haya encontrado una adaptación cinematográfica tan inspirada y certera.
O tal vez no sea tan raro. El responsable de dirigir y escribir la película, Richard Starzak, ya había trabajado en la serie original, y se hace acompañar de un viejo conocido del estudio Aardman, Mark Burton, que debuta en las labores de realización. Los dos cuentan con amplia experiencia en el mundo de la animación, algo que no garantiza el éxito del film, pero sí supone un abal del conocimiento y la laboriosidad que requiere la técnica del stop-motion. Y es que La oveja Shaun es, ante todo, una película hecha con cariño y esmero. Esto es lo que se trasluce de cada una de sus imágenes, elaboradas no para deslumbrar al espectador, sino para facilitar que el relato avance y la comedia fluya con admirable naturalidad.
Siempre fiel a su tradición y siempre mirando por el retrovisor de las referencias clásicas, el estudio Aardman recupera para La oveja Shaun lo mejor del slapstick: gags perfectamente coreografiados, dominio del tempo cómico y aprovechamiento del espacio escénico. En resumen, que sobran las palabras para hacer reír como lo hacen sus personajes de plastilina. El guión está calibrado con detalle para no echar en falta ningún diálogo, al tiempo que consigue escenas tan memorables como la del restaurante. Pura comedia que resucita el espíritu de Chaplin en lo emocional, de Keaton en lo visceral, y de Lloyd en lo cinético.
En definitiva, una brillante producción británica que hará disfrutar al público de todas las edades y que puede presumir de haber sido dirigida con brío, escrita con inteligencia y animada con el talento habitual de Aardman. Un estudio que de una forma lenta pero constante, va labrando con los años una filmografía exigente, dotada de un estilo propio.
A continuación, uno de los memorables episodios de la serie emitida en televisión desde el año 2007. Si no se ríen con esto, tienen motivos para preocuparse:

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