Sicario. 2015, Denis Villeneuve

La segunda película de Denis Villeneuve en Hollywood supone toda una prueba de fuerza. El guión de Sicario contiene personajes carismáticos, escenas de acción y un argumento comprometido que plantea la pregunta: ¿Hasta dónde se puede llegar para construir un mundo más seguro? La ética y el entretenimiento se dan la mano con un doble objetivo, plantear el debate entre el público y al mismo tiempo ofrecer espectáculo. Villeneuve consigue ambas cosas luciendo músculo como director sin caer en la trivialidad ni en el discurso paternalista, errores en los que suele incurrir el cine cuando aborda la lucha contra el narcotráfico.
Sicario es una gran producción de estudio, por mucho que detrás de la cámara se encuentre un autor concienzudo y exigente. Villeneuve sabe jugar sus cartas y aprovecha el respaldo económico para levantar un poderoso ejercicio de estilo en el que la cámara y los medios técnicos van siempre en favor de la narración. El director canadiense imprime nervio a las imágenes, sabe trasladar la tensión y el desasosiego que requiere la historia sin recurrir por ello a los trucos fáciles ni a la confusión predominante en el cine de acción de los últimos tiempos. El espectador puede hacerse una idea de la guerra secreta que se libra entre los cárteles de la droga y los cuerpos de seguridad en la frontera entre México y Estados Unidos. Confrontaciones de carácter bélico que el público descubre a través de los ojos asombrados de una agente recién incorporada a la zona, interpretada con precisión y credibilidad por Emily Blunt.
Los demás actores también convencen. Josh Brolin y Benicio del Toro elaboran personajes contundentes, de los que no se olvidan con facilidad. El gesto expansivo del primero contrasta bien con la introversión del segundo, sus diálogos suenan veraces, ambos son el contrapunto perfecto a la interpretación más realista de Blunt. El paisaje humano que presenta Sicario cuenta con un amplio elenco de actores bien dirigido por Villeneuve, dando vida a policías corruptos, mercenarios, soldados de élite, capos sin escrúpulos... en definitiva, distintos bandos con semejantes métodos.
El director de fotografía Roger Deakins sabe capturar la luz directa y cruda de la frontera, lo que aporta realismo a la atmósfera del film, mientras que la crispación corre a cuenta del montaje y de la partitura inquietante de Jóhann Jóhannsson. Como cabe esperar, Sicario exhibe una impecable factura técnica que da consistencia al relato. Un trabajo con el que Denis Villeneuve dignifica el cine de acción y se erige como uno de los más destacados narradores dentro de la actual industria de Hollywood. Tan solo cabe achacar cierta premiosidad al principio de la película, que raya en lo morboso, cuando se descubren los cadáveres ocultos tras los tabiques de una casa y los agentes implicados salen a vomitar... escenas que de alguna manera tratan de justificar lo que sucederá después, poniendo al público de parte de los protagonistas, pero que denotan gratuidad por su insistencia. Esta misma sensación se repite algunas veces, lo que demuestra que Villeneuve es un director con talento, pero con una tendencia a aumentar el metraje mediante secuencias de impacto. ¿Concesión a la taquilla? Más bien parece la adaptación de un estilo, como el cuerpo que tuviera que vigorizarse para encajar en un traje nuevo. Así con todo, Sicario marca un punto de referencia dentro del género y la consagración popular de un cineasta llamado a realizar grandes proyectos.
A continuación, el cortometraje de 2008 Next floor, que dio a conocer en los festivales internacionales el nombre de Denis Villeneuve y su capacidad para visualizar situaciones fuera de lo común. Que lo disfruten:

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