El sureño. "The southerner" 1945, Jean Renoir

Tercera de las cinco películas que Jean Renoir realizó durante su exilio en los Estados Unidos en la década de los cuarenta. Basada en una novela de George Sessions Perry, el El sureño retoma la vertiente realista del director y el naturalismo poético de películas como Toni, Boudou salvado de las aguas o Una partida de campo, cambiando la campiña francesa por los cultivos de algodón norteamericanos.
El guión narra las dificultades de la familia Tucker por ascender de peones en una plantación a propietarios de su propia tierra de labranza. La dureza del oficio, las inclemencias del tiempo y la rivalidad con el vecino quedan bien reflejadas en el film, sin cargar las tintas en el melodrama e introduciendo comedia siempre que es necesario para aligerar el conjunto. Renoir aplica su habitual mirada de humanista preocupado por la dignidad de sus personajes y por el costumbrismo de las situaciones, permitiéndose a veces algunos destellos de autor (la presentación de la "nueva" casa, filmada en plano subjetivo y con la voz en off de los protagonistas).
El reparto de El sureño está seleccionado con acierto. Zachary Scott, Betty Field y los demás intérpretes cumplen con sus personajes sin necesidad de recurrir a la pose ni a los estereotipos del género. La excepción es el papel de la abuela, el más caricaturesco y también el más accesorio. Renoir maneja sabiamente los resortes narrativos para que la trama avance con fluidez y queden claras las intenciones del relato: concienciar sin doctrinas, emocionar sin excesos. La fotografía de su compatriota Lucien Andriot aprovecha las posibilidades expresivas del blanco y negro, mediante tonos contrastados en los que luces y sombras refuerzan el carácter realista del film.
Se trata de una película directa, tanto en el fondo como en la forma, que no se entretiene en subtramas ni en artificios estéticos. El sureño ilustra algunas de las constantes de Jean Renoir (la participación del espectador en la construcción narrativa, la mezcla de tragedia y humor, la dimensión humana y política), que demuestran cómo el cineasta supo adaptarse al nuevo entorno sin perder su esencia. Una capacidad solo al alcance de artistas con la personalidad del maestro francés.

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