La piedra de la paciencia. "Syngué sabour" 2012, Atiq Rahimi

Atiq Rahimi es un creador que intercala formatos narrativos y aborda las historias desde diferentes puntos de vista. De sus cuatro novelas publicadas hasta la fecha, él mismo ha adaptado dos de ellas al cine. Y no son precisamente textos fáciles. La piedra de la paciencia tiene la estructura de un monólogo, semejante a Cinco horas con Mario de Delibes o Diatriba de amor contra un hombre sentado de García Márquez. Se trata de la larga conversación que mantiene una joven mujer con su marido, quien nunca le responde. Es, por lo tanto, una conversación consigo misma, un examen de conciencia en el que la protagonista hace balance de su vida frente al cuerpo inmóvil de su esposo, en coma tras una reyerta.
Rahimi logra romper la unidad del espacio sacando la cámara de la habitación e incorporando a personajes diversos: la tía de la protagonista, el mulá, los vecinos, los soldados... cada uno representa el eslabón de una cadena siempre tensa por los conflictos sociales, políticos y religiosos que asfixian la zona. Podría ser Afganistán, Siria, Irán o Pakistán, el director omite la localización exacta por no limitar el alcance de la historia. Tampoco se hace mención al nombre de la protagonista. De esta manera, ella encarna a todas las mujeres que padecen el mismo sistema patriarcal que las relega a una condición de servidumbre e inferioridad. Son mujeres a las que se les impone desde niñas el oficio de víctimas, un destino contra el que La piedra de la paciencia eleva su grito de protesta. Sin altavoces ni pancartas, por medio del drama del personaje principal, que es el de muchos otros. Rahimi sabe concentrar la barbarie colectiva en un único rostro. Y no es un rostro cualquiera.
La actriz Golshifteh Farahani atraviesa con su profunda mirada cada imagen del film, imprimiendo en todos los planos su rotunda fotogenia. Dueña de recursos interpretativos que van de la intensidad al comedimiento, Farahani posee una calidez casi animal, que contrasta con su escasa envergadura. Sin embargo, el peso que soporta es enorme, y hace de su papel una verdadera prueba de fuerza. Ella sostiene esta piedra de la paciencia que sin su labor sería otra película.
El director hace también esfuerzos por dotar el film de dinamismo, cuidando la planificación y el aspecto visual. A pesar de contar con pocos elementos narrativos, Rahimi los maneja con destreza y les saca el máximo partido gracias a su atención por los detalles. Es aquí donde se nota que tras la cámara hay un escritor. Aunque no está solo. El veterano Jean-Claude Carrière le ayuda en la adaptación cinematográfica y ambos consiguen una película bella y terrible, estremecedora. Una llamada a la emancipación de las mujeres silenciadas por el extremismo religioso y un grito de libertad individual que engloba a una sociedad entera. Cine trascendental y combativo. Cine necesario.

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