El pueblo de los malditos. "Village of the damned" 1960, Wolf Rilla

Hay películas que ejercen su influencia de forma callada y lenta, sin apenas hacerse notar. No llegan precedidas de grandes campañas de promoción ni acumulan premios, ni tampoco suelen aparecer en las listas que confeccionan los críticos con afán clasificador. Forman parte de un semillero de joyas escondidas entre las que El pueblo de los malditos ocupa un lugar de referencia. Y no solo porque su huella perdure en directores como Shyamalan, Spielberg o Carpenter (que dirigió un remake en los años noventa), sino porque conserva a través de los años su poder de fascinación, más allá de modas, tendencias y adaptaciones declaradas o encubiertas. Un claro exponente de lo que se denomina "cine de culto".
Wolf Rilla empleó como vehículo para su creatividad e ingenio la novela de John Wyndham en la que se basa el film, una historia que mezcla la ciencia ficción con el terror psicológico y la subversión del drama de costumbres. Midwich es El pueblo de los malditos al que alude el título, una pequeña población de la campiña inglesa donde acontecen dos fenómenos inexplicables: por un lado, el desmayo repentino que sufren todos los vecinos sin motivo aparente. Por otro lado, el descubrimiento al despertar de que las mujeres fértiles han quedado embarazadas. Nueve meses después, un conjunto de recién nacidos con el cabello rubio y la mirada extraña, de aptitudes superdesarrolladas, vendrán a alterar la vida de la tranquila comunidad.
El director alemán tiene la habilidad de no desvelar estos aspectos de la trama de manera evidente, recurriendo a golpes de afecto o a lugares comunes. La narración transcurre con el ritmo necesario para crear incertidumbre y tensión, en los escasos ochenta minutos de metraje. Para ello, Rilla prescinde de lo superficial y se concentra en los elementos que hacen avanzar el argumento, siempre un paso por delante de lo que conoce el espectador. Esta capacidad de síntesis permite brillar a Rilla en la planificación y en la puesta en escena, lo que convierte el espíritu original de la serie B en auténtica clase A. El director es imaginativo en los movimientos de cámara, eficaz en el encuadre y ágil en el montaje, confiriendo a la película un aire de modernidad que alejan a El pueblo de los malditos de la precariedad que suelen padecer este tipo de producciones.
También cabe destacar el acertado elenco del film, integrado por actores británicos, niños debutantes muy bien elegidos y una vieja gloria de Hollywood como George Sanders. Todos están perfectamente ajustados a sus personajes y son capaces de dotar de credibilidad a esta película que logra hacer de sus riesgos virtudes. En suma, se trata de una pequeña gran obra cuya sugestión se mantiene intacta y que depara algunos de los momentos más brillantes dentro del género. A continuación, un ilustrativo vídeo que recapitula algunas imágenes esenciales del cine de ciencia ficción, entre las que no puede faltar El pueblo de los malditos. Que lo disfruten:

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