La canción del mar. "Song of the sea" 2014, Tomm Moore

La hegemonía en las carteleras de los grandes estudios de animación (Disney, Pixar, Dreamworks) apenas deja hueco para las demás producciones, máxime si vienen de Europa. Por eso la difusión internacional de La canción del mar no solo es una buena noticia, sino casi un milagro. La película irlandesa se merece esto y mucho más.
Realizada por Tomm Moore a través de su estudio Cartoon Saloon, La canción del mar incide en las leyendas irlandesas que el director ya abordó en su primer largometraje, El secreto del libro de Kells. La habilidad de Moore consiste en globalizar todo ese acervo y en aproximar la mitología de su tierra al imaginario colectivo, como hiciera Miyazaki con la tradición japonesa.
El argumento de la película es un despliegue de imaginación y sensibilidad, una fábula capaz de emocionar a espectadores de todas las edades. Como suele suceder en los cuentos clásicos, el drama familiar encuentra una vía de escape a través de la fantasía. Moore convierte este posicionamiento ético (los sueños como territorio de libertad emancipadora) en un ejercicio estético de enorme belleza. Las imágenes de La canción del mar seducen por sus composiciones geométricas y su tratamiento del color, recuperando para la pantalla lo mejor de la animación artesanal.
Pocas cosas se pueden decir de esta película sin desvelar su magia. Con La canción del mar, Tomm Moore se erige en autor de referencia dentro del panorama europeo, gracias a su capacidad para ilustrar lo tradicional de forma novedosa y fresca. En suma, se trata de un emocionante relato y un prodigio visual que acaricia los ojos del espectador, convirtiendo la película en una gozosa experiencia difícil de olvidar.

1 comentario:

  1. Cuando se tienen hijos pequeños se vuelven a redescubrir los dibujos animados y el cine de animación. En mi caso, aparte de la escuela japonesa y las películas del estudio Ghibli, que ya conociamos, fue todo un descubrimiento “El secreto del libro de Kells” que me transportó más que a Irlanda, a toda la iconografía ortodoxa rusa (en cierto sentido me vinieron a la memoria Andrei Tarkovsky y su Andrei Rublev)
    Como tú bien dices, la hegemonía de un puñado de estudios (y también las demandas de gran parte de la audiencia) hacen que la presencia en cartelera de otras películas sea demasiado corta para los que andamos justos de tiempo. Así, finalmente algunos nos quedamos sin ver La Canción del Mar (también se nos escapó Kubo y las dos cuerdas mágicas).
    Felicidades por el blog (magnífico en contenidos y presentación). Un placer seguiros a ti y al resto de invitados en el Callejón de las Maravillas.

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