Buscando a Dory. "Finding Dory" 2016, Andrew Stanton y Angus MacLane

Pocos estudios como Pixar pueden presumir de haber creado tantas películas de calidad en un periodo tan breve. Veinte años de trayectoria han bastado para acumular títulos del calibre de Bichos, Monstruos S.A, Los Increíbles, RatatouilleWall-EUp, Del revés o la trilogía de Toy Story, entre otros. En los últimos tiempos, la compañía ha tratado de rentabilizar este patrimonio mediante continuaciones que hacen justicia al original con mayor o menor fortuna, como es el caso de Buscando a Dory. Transcurrida una docena de años desde Buscando a Nemo, Pixar retoma uno de sus mayores éxitos para perpetuar las andanzas marinas de los personajes. La secuela cuenta con el mismo autor, Andrew Stanton, acompañado esta vez de un miembro de la cantera de Pixar, Angus MacLane.
Buscando a Dory contiene los mismos méritos que su antecesora: es inteligente en la mezcla de drama y comedia, incluye personajes secundarios atractivos y aprovecha las habilidades técnicas para favorecer la trama. Sin embargo, no es capaz de añadir nuevos logros a los ya conseguidos con anterioridad. El argumento reproduce el mismo esquema narrativo de la primera parte, sin más cambios que los flashbacks de la infancia de la protagonista y una mayor abundancia de escenas de acción. Stanton prima el espectáculo sobre todo lo demás y hace demasiadas concesiones al público infantil, simplificando sus propuestas y rebajando las exigencias de Pixar. Buscando a Dory no es una mala película, pero tampoco es lo suficientemente buena. Su problema es la corrección y la ausencia de sorpresas.
El argumento recrea el mito homérico de Ulises (es decir, el héroe que regresa a su lugar de origen para encontrarse con su destino y consigo mismo), a un ritmo acelerado. Por el camino nos vamos encontrando con algunos personajes que cumplen una función meramente instrumental (las nutrias, las focas, la beluga) y otros que están tan sobrecargados de carisma que roban el protagonismo a cuantos están a su alrededor (el pulpo, la gaviota). Falta ingenio, naturalidad y cierto equilibrio que refuerce la coherencia del relato... Aún así, la película depara cien minutos de puro entretenimiento bien aderezados de humor y de algunas secuencias emotivas. ¿Suficiente? No cuando se trata de Pixar. La breve pero intensa andadura de la compañía ha puesto muy altos sus propios niveles de calidad.
Como no solo de animación vive el hombre, a continuación se muestra un ilustrativo vídeo que revela algunas de las referencias cinéfilas de Pixar, (algunas evidentes y otras no tanto). Guiños, tributos, homenajes... en definitiva, películas que se alimentan de otras películas. Que lo disfruten:

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