Knight of cups. 2015, Terrence Malick

Hablemos de generalidades. Desde sus inicios, el cine ha estado asociado al ocio y al espectáculo, y muy raras veces a la cultura o al arte. De esta forma se explica que los espectadores que acuden a las salas de cine (una minoría frente a los que ven películas en el ámbito doméstico), mantengan un perfil tan conservador y admitan con tanta reticencia las novedades.
Hablemos de lo concreto. Knight of cups es una película cuyo reparto cuenta con varias estrellas (Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman), además de uno de los más importantes directores de fotografía (Emmanuel Lubezki) y un cineasta que llegó a contar con reconocido prestigio (Terrence Malick). Sin embargo, el recorrido internacional del film ha sido muy limitado y es probable que nunca llegue a estrenarse en España. El principal motivo y buscando una semejanza pictórica, es que se trata de una película cubista. Algo para lo que el público mayoritario no está preparado. Según el diccionario académico, se denomina cubismo al "movimiento artístico y poético que rompe con las leyes de la perspectiva clásica y se caracteriza por emplear la técnica del collage como medio de mostrar la simultaneidad de los hechos de la realidad, poniendo en el mismo plano trozos de conversaciones, de noticias, etc."
Esto es lo que plantea la séptima película de Malick, una disrupción del lenguaje cinematográfico convencional a base de sobreponer diferentes planos narrativos en los que se mezclan imágenes del pasado y del presente, voces en off, secuencias oníricas, evocaciones y paisajes. Todo a partir de un argumento que es en realidad una idea motriz: un guionista de éxito se cuestiona su existencia entre los oropeles de Hollywood, en compañía de diversas mujeres. El hilo conductor está trazado por los naipes de la baraja de tarot, cuyo caballero de copas del título hace referencia al protagonista. Malick emplea esta trama como soporte para desarrollar un discurso visual basado en el movimiento. Así, sus personajes no caminan, sino que deambulan sin un destino fijo. No miran, sino que divisan. No piensan, sino que divagan. Quien esté dispuesto a aceptar estas claves, disfrutará de la película en un estado casi hipnótico. Quien no lo haga, se desesperará como pudo hacerlo con El árbol de la vida o To the wonder.
Porque no es cine fácil. Es más, es cine difícil que exige predisposición por parte del espectador y voluntariedad para asimilar las propuestas del director. Tal vez algún día veamos películas como Knight of cups con mayor naturalidad y la experiencia del público haya madurado. Al fin y al cabo, hicieron falta cerca de 40.000 años para que las primeras pinturas rupestres evolucionaran hasta llegar a la abstracción. No será preciso esperar tanto tiempo para asimilar estos mismos términos dentro del cine, pero tampoco será inminente. A continuación, un ilustrativo reportaje sobre Terrence Malick, cortesía del canal TCM:

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