Yo, Daniel Blake. "I, Daniel Blake" 2016, Ken Loach

Contemplar en perspectiva la obra de Ken Loach es un ejercicio apabullante: cinco décadas de trabajo, veinticinco largometrajes de ficción hasta la fecha y un buen número de documentales, películas cortas y para la televisión. Pero más que las cifras, lo impresionante es la coherencia del corpus narrativo y la fidelidad del autor a sus ideas. El último ejemplo de ello es Yo, Daniel Blake.
La película contiene todos los elementos para ser un alegato, y de hecho lo es. Pero no un alegato bronco ni altisonante, sino un grito de guerra sencillo, directo, tremendamente humano. El discurso de Loach accede a un público mayoritario porque apela al sentido común, en lugar de a los colores políticos. La única proclama es la que defiende el título: Yo, Daniel Blake. La auto-afirmación de un hombre corriente cuya arma es la dignidad y que rememora al protagonista de Mi nombre es Joe, otro héroe del universo loachiano.
Como tantas otras veces, la película destila verismo por los cuatro costados. La cámara recorre los espacios tradicionalmente olvidados por el cine: dependencias de servicios sociales, apartamentos cedidos por el estado, establecimientos donde se reparten alimentos... un paisaje frío carente de estilización y fotografiado con austeridad. El relato tampoco esconde trucos. Paul Laverty expone en el guión las trabas burocráticas a las que se enfrenta un veterano carpintero obligado a tomar una baja laboral por enfermedad. Sus dificultades y sus temores son reconocibles, en buena parte gracias a la interpretación de Dave Johns. No es descabellado que se haya elegido a un cómico debutante para el papel, puesto que la dureza de las situaciones se ve a menudo aliviada por la ironía y el desenfado característicos de Loach. Su compañera de reparto, Hayley Squires, desempeña el contrapunto trágico y añade las dosis necesarias de emoción a la historia.
En suma, Yo, Daniel Blake completa el enorme mosaico que Ken Loach lleva elaborando desde hace años sobre la realidad más incómoda de su país. Una Inglaterra de la que ejerce como conciencia y vigía, y que encuentra en el personaje de Blake a su moderno Tom Joad.

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