La llegada. "Arrival" 2016, Denis Villeneuve

El tema de las visitas extraterrestres se ha tratado tanto en el cine, que casi parece imposible abordarlo desde una perspectiva diferente. De ahí la importancia de una película como La llegada. El director Denis Villeneuve desplaza el foco habitual de los visitantes a los visitados, y se centra en las consecuencias de la visita más que en la visita misma. Es decir, que sitúa en primer término el drama humano y la incertidumbre ante la invasión, en lugar de los consabidos discursos altisonantes y las escenas de cataclismo y pánico. Villeneuve logra narrar la ciencia-ficción de manera realista, y así, convertirla en trascendente. Una carambola al alcance de muy pocos cineastas.
La película adapta un relato de Ted Chiang conservando su estructura circular, se abre y se cierra con el mismo movimiento de cámara y la misma música de Max Richter. En ambas secuencias suena la voz en off de la protagonista. Pero entre medias, todo habrá cambiado para el personaje que interpreta Amy Adams y también para el resto de la humanidad. Adams borda el papel de experta lingüista que carga con el peso de una desgracia familiar. Su rutina transcurre como la de un autómata, es una mujer de emociones congeladas. El letargo se interrumpe el día que es requerida para realizar el trabajo de traducción más extraordinario que pueda imaginarse. No estará sola en esta misión. La acompaña un científico con los rasgos de Jeremy Renner, y entre ambos se establece una labor que pondrá en entredicho las decisiones políticas y militares. La llegada tiene, por lo tanto, una lectura crítica con el presente que revaloriza su naturaleza mainstream y la aleja de otras grandes producciones sobre el mismo tema.
La principal diferencia está en la narración. Villeneuve emplea recursos del cine de autor, (los flashbacks parecen dirigidos por Terrence Malick), y un aire melancólico reforzado por la fotografía de Bradford Young y la música de Jóhann Jóhannsson. Da la sensación de que el director canadiense ha querido amortiguar el impacto de la trama mediante la frialdad y el verismo, dos rasgos que definen bien al personaje protagonista. Todo está visto a través de ella, y por eso el film resulta emocionante. La gran virtud de La llegada es que el espectador puede identificarse con el desconcierto que transmite y asimilar su propuesta fantástica con total naturalidad. Es la culminación de un relato mil veces visto antes pero presentado como nunca, directo a la conciencia de público, al igual que años atrás lo hicieron otras películas como 2.001: una odisea en el espacio o Encuentros en la tercera fase. En suma: Denis Villeneuve en estado de gracia.

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