Los Tenenbaums. "The Royal Tenebaums" 2001, Wes Anderson

Esta es la película que globalizó el nombre de Wes Anderson. El pequeño vendaval que había supuesto Academia Rushmore tres años antes, se convirtió en huracán con Los Tenenbaums, la consagración del estilo marcado y reconocible del director cuando apenas superaba la treintena. Vista hoy, la película resplandece como el primer día. Es divertida, triste, inteligente y absurda como pocas. Puro Anderson.
Conviene estar prevenido antes de enfrentarse a una experiencia igual. Porque lo fácil es dejarse llevar por los colores vivos, las situaciones y los personajes extremos que pueblan el film. Pero detrás hay más, mucho más. La caricatura que exhibe Los Tenenbaums oculta un mundo de seres disfuncionales, depresivos en potencia y melancolía a flor de piel. Es el esperpento de Valle-Inclán filtrado por el imaginario pop y el romanticismo europeo, una opción narrativa que no distingue el fondo de la forma.
Anderson se confirma aquí como un autor de talento. La planificación es ingeniosa y pulcra, con los característicos encuadres y movimientos de cámara del director, el empleo del fuera de campo y las posibilidades del montaje. Un delirio visual diseñado con meticulosidad y acorde al relato. La película cuenta la historia de los Tenenbaums, una peculiar familia marcada por el carácter de los padres. Todos han ido madurando a lo largo de los años salvo el progenitor, encarnado por Gene Hackman, en una de las interpretaciones más hilarantes y completas de su carrera. El extenso reparto que le acompaña no desmerece ni lo más mínimo. Un plantel con los nombres de Anjelica Huston, Ben Stiller, Gwyneth Paltrow, Bill Murray, Danny Glover y los hermanos Luke y Owen Wilson, entre otros. Wes Anderson demuestra como guionista y director una enorme pericia a la hora de mantener el equilibrio y no dejar que se descompense la balanza de los personajes. Todos tienen gran incidencia en la trama y se acoplan como ruedas de un engranaje a la compleja maquinaria del film, gracias a lo preciso de las caracterizaciones y a la capacidad de Anderson para construir iconos que representan el triunfo, el fracaso, el orden, el caos, la alegría, la tristeza... contraponiendo los retratos de sus criaturas.
Pero sobre todo, el cine de Anderson está basado en los espacios que habitan esos personajes. Academia Rushmore y El gran hotel Budapest los llevan implícitos desde el propio título, son escenarios de la misma importancia que el buque Belafonte de Life Aquatic, el tren de Viaje a Darjeeling o el campamento de boy scouts de Moonrise Kingdom. En Los Tenenbaums, la casa familiar y sus diferentes estancias definen a los protagonistas, afectados por un determinismo del entorno que se suma al biológico. En el universo andersoniano son lo mismo habitaciones y habitantes, recipiente y contenido. Como en la propia película: las imágenes describen el relato, y viceversa.
En Los Tenenbaums, Anderson esgrime sus armas habituales: la fotografía de Robert D. Yeoman y la música de Mark Mothersbaugh, en convivencia con una hábil selección de canciones, ayudan a perfilar el sello del autor. Son los componentes de una producción que supone un salto adelante dentro de la filmografía de Wes Anderson, cineasta que deja en cada fotograma la impronta de su inventiva y la llamada a soñar con mundos mejores, frecuentados por seres tan desgraciados como nosotros. En resumen, cine gozoso y tremendo.
A continuación, uno de los fantásticos perfiles creados por la asociación Director´s Cat, dedicado a la figura de Wes Anderson. Relájense y disfruten:

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