El niño y la bestia. "Bakemono no Ko" 2015, Mamoru Hosoda

La primera sensación que se tiene ante El niño y la bestia es la de estar asistiendo a momentos y situaciones ya vistas antes. Porque la trama parte de elementos conocidos: el niño que abandona de manera fortuita el mundo real y se adentra en una dimensión fantástica, la relación entre el maestro y el aprendiz, el combate del bien contra el mal... y sin embargo, todo parece nuevo. El logro del director Mamoru Hosoda consiste en desarrollar un argumento clásico de manera fresca y novedosa, gracias a su inventiva visual y al tono que imprime en la narración.
El niño y la bestia es una película de género fantástico con grandes dosis de acción y de humor, que se suma a los anteriores aciertos del estudio Chizu y corrobora a Hosoda como uno de los principales talentos de la animación japonesa. Al igual que en Los niños lobo, el director vuelve plantear una trama de conflictos familiares que mezcla a personas con animales, cambiando la intimidad y la melancolía por el espectáculo y la aventura. El niño y la bestia presenta un contundente divertimento para todas las edades que da opciones a la reflexión sin caer en el aleccionamiento, un film que consigue sorprender por su destreza técnica y el manejo de los recursos de la ficción.
Como es habitual en el cine Hosoda, el componente estético va ganando peso a medida que avanza el relato hasta concluir en un clímax impactante, siempre al borde del exceso. Por suerte, el cineasta sabe dar una coartada argumental a todo este aparataje y filtra entre los fotogramas la oportuna moraleja acerca de la madurez y la asunción de responsabilidades. En suma, El niño y la bestia es un fascinante regalo para los ojos que depara dos horas de emoción y entretenimiento, una joya de la animación que gustará por igual a aficionados y profanos del anime.

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