Handia. 2017, Jon Garaño y Aitor Arregi

Situada en Pasaia (Guipúzcoa), la productora Moriarti cuenta con un equipo creativo que funciona como una máquina bien calibrada cuyos engranajes encajan a la perfección. Los nombres de Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goneaga llevan elaborando desde hace quince años una filmografía cuidada y con una identidad propia, ya sea desde la dirección, el guión o la producción. Tras los aciertos de 80 egunean y Loreak, esta vez es Arregi quien se pone tras la cámara después de haber participado en la escritura de las dos anteriores, y lo hace en compañía de Garaño, en una demostración de que el orden de los factores no altera el producto.
Por primera vez, los tres creadores (al que se suma el guionista Andoni de Carlos) abordan una historia ambientada en el pasado e inspirada en los acontecimientos reales que tuvieron como protagonista al conocido como gigante de Altzo. Un joven agricultor que llegó a gozar de gran popularidad debido a su enorme tamaño, circunstancia que sirve para ilustrar las glorias y las miserias que depara ser diferente en un entorno marcado por la tradición. Handia tiene el aroma de los cuentos que son narrados sin condescendencia, y muestra más interés en transmitir una atmósfera determinada que una moraleja aleccionadora. Esa atmósfera es melancólica y oscura, está llena de lirismo y le confiere a la película una cualidad muy especial, que la convierte en distinta.
La diferencia reside, por un lado, en el contenido del film. Ya que no se trata tanto de la biografía de un ser excepcional, como de la relación que mantiene con su hermano. El punto de vista de éste conduce el relato y aporta la necesaria identificación con el público, sin que los directores olviden el contexto histórico ambientado en el siglo XIX ni el escenario donde se sitúa la mayor parte de la acción, el País Vasco. Handia transcurre a lo largo de dos décadas mediante elipsis que seleccionan los momentos clave en la vida de los protagonistas, un recurso que prima la emoción sobre la historiografía.
La otra diferencia se encuentra en la forma, con un estilo muy depurado y de gran expresividad visual. Javier Agirre vuelve a firmar una fotografía de enorme belleza, que proporciona a las imágenes de la película una estética cargada de referencias pictóricas y de evocaciones a una época pasada. El tratamiento de luces y sombras otorga a la película una identidad a la que también contribuye la música de Pascal Gaigne. El compositor francés refuerza el carácter fabulador de Handia y cierra el círculo de los fieles colaboradores del equipo cinematográfico, que incluye el montador Raúl López y al que se incorporan los actores del reparto. Joseba Usabiaga y Eneko Sagardoy definen con credibilidad a los dos hermanos, rodeados de un buen número de intérpretes que completan con eficacia la galería de personajes.
En suma, Handia posee muchas virtudes que le hacen destacar sobre la mayoría de las producciones españolas, en buena parte por los riesgos que asume y de los que resulta indemne. Se nota que es una película elaborada con esmero y meditada hasta el último detalle, sin que esto le reste ni un ápice de humanidad. La perfección del acabado técnico no elimina la artesanía de esta obra que supone una bocanada de aire fresco y un estímulo para los espectadores exigentes.

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