La librería. "The bookshop" 2017, Isabel Coixet

No es la primera vez que Isabel Coixet adapta un texto literario para darle forma de película. Lo hizo anteriormente con Mi vida sin mí y Elegy, dos films que, al igual que La librería, Coixet conduce a su terreno. Un lugar donde priman los sentimientos sin sentimentalismos fáciles, la sensibilidad sin sensiblerías. La directora catalana tiene un ajustado sentido de la medida que le permite contar historias tremendas sin chapotear en el exceso, una cualidad que unida a un buen guión y unos actores convincentes, ofrece notables resultados. Es verdad que esto no siempre sucede. Pero cuando todas las piezas encajan, brillan aciertos como La librería.
Ambientada a finales de los años cincuenta en un pequeño pueblo de la costa Este de Inglaterra, la historia que narra La librería contiene suficientes elementos dramáticos como para convocar las emociones: la protagonista es una joven viuda que trata de cumplir el sueño de abrir una librería contra todas las adversidades posibles, estableciendo con unos vecinos relaciones de complicidad y con otros de enfrentamiento. Se trata de una parábola sobre el coraje y la relatividad del triunfo y el fracaso, circunstancias que Coixet aprovecha para rendir tributo a la literatura como símbolo de la razón y el entendimiento. Las buenas intenciones de la directora son expuestas a modo de cuento (hay una voz en off que sitúa algunas de las acciones, un entorno idílico, personajes buenos y malos), pero sin caer en la ingenuidad ni el edulcoramiento que suelen banalizar esta clase de relatos. Al contrario: las tormentas internas de los personajes nunca llegan a estallar y hay un suave tono de comedia que aligera el conjunto.
La fotografía y la música de la película vienen firmadas por dos miembros de la familia Coixet, Jean-Claude Larrieu y Alfonso Vilallonga, cuyos trabajos participan de la contención general, en la que también intervienen de manera decisiva los actores Emily Mortimer, Bill Nighy y Patricia Clarkson (no así James Lance, lo cual es premeditado). Tanto ellos como sus compañeros de reparto definen bien a los personajes mediante la interpretación y todo lo que le rodea: el vestuario, la peluquería, el maquillaje... porque ante todo, La librería es una película que otorga gran importancia a los detalles y que pone cuidado en cada uno de los aspectos de la producción. En suma, nos encontramos ante una hermosa adaptación de la novela original de Penelope Fitzgerald y una de las películas más redondas de Isabel Coixet, quien hace suyo este material ajeno hasta convertirlo en la precisa representación de sus inquietudes personales y profesionales.
A continuación, una breve explicación por parte de Coixet de la que considera su secuencia favorita del film... en realidad, una excusa tan buena como cualquier otra para apuntar algunas claves de su estilo:

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