Carmen y Lola. 2018, Arantxa Echevarría

El colectivo gitano ha sido retratado por el cine español en diversas ocasiones, la mayoría de ellas acudiendo al tópico y a la exageración. Una mirada cargada de lugares comunes que abarca desde el folclorismo ilustrado de Brindis al cielo y María de la O, hasta el esperpento de Papá Piquillo y Rey gitano. Por eso debe celebrarse una película como Carmen y Lola, capaz de dibujar un cuadro de tradiciones en el que se aprecian las luces y también las sombras de una comunidad habitualmente estigmatizada. Este es el tema de la opera prima de Arantxa Echevarría: el prejuicio, no solo racial sino también de género y de sexo.
Las protagonistas que dan título al film son dos adolescentes gitanas que viven una historia de amor a escondidas de la familia y los vecinos en el extrarradio de Madrid. El progreso de la relación conduce el relato por los terrenos del drama romántico y la comedia de costumbres, en ambos casos con una marcada vocación de crónica social. El guión de Carmen y Lola es bastante sencillo y tiene el don de la autenticidad, ya que ha sido escrito por la propia Echevarría con el asesoramiento de la población gitana con la que se rodó el film y la experiencia de inmersión en los barrios que aparecen en la pantalla. No se acusa, por lo tanto, esa mirada foránea y condescendiente con la que se suelen reflejar problemas parecidos en otras películas menos contenidas y más sensacionalistas, un riesgo que la directora esquiva con tacto y respeto por los personajes.
Precisamente el reparto es uno de los principales valores de Carmen y Lola, ya que carece de profesionales casi en su totalidad e incorpora la naturalidad y la inmediatez de los participantes a la trama. Sin embargo, hay otros aspectos que adolecen de este realismo y que influyen en el aspecto visual: en muchas escenas, la fotografía demasiado luminosa y artificial rompe la sensación de veracidad a la que se aspira y confiere un acabado amateur al conjunto.
En suma, Carmen y Lola es el estimulante debut de una cineasta de la que cabe valorar su valentía a la hora de acometer un argumento considerado tabú dentro de la cultura gitana, una película discreta en ambiciones pero que puede abrir un debate importante y necesario. Aunque solo fuera por esto, Arantxa Echevarría habría alcanzado el éxito que se merece su refrescante propuesta. A continuación, una entrevista a la directora cargada de información interesante que merece la pena ver como complemento a la película:

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