La favorita. "The favourite" 2018, Yorgos Lanthimos

El término grotesco se asoció por primera vez en el arte con la decoración escultórica, después con la pintura, la literatura, el teatro... hasta recalar en el cine, donde el adjetivo ha ido perdiendo parte de su acepción original. Por lo común, se identifica lo grotesco con lo deforme y lo desagradable, con lo monstruoso, sin embargo, el significado de la palabra incluye también la parodia y el esperpento de una realidad distorsionada. Es por eso que La favorita se puede considerar un ejemplo perfecto de cine grotesco, de película que emplea el exceso como medida para relatar las pasiones de los personajes. El segundo largometraje británico de Yorgos Lanthimos incide en este concepto no solo en la parte narrativa, sino también en la estética. Hay coherencia entre el fondo y la forma, aunque al principio pueda resultar desconcertante.
Conviene avisar al espectador: La favorita arranca con un ritmo frenético, que alterna la presentación de los personajes con la exposición del contexto y de la historia. Los diálogos fluyen con rapidez y los movimientos de cámara incorporan un dinamismo que ya no se detiene durante todo el metraje, lo que obliga al público a estar atento a la pantalla. En el momento en el que se asume toda esta energía dentro de una trama histórica, ambientada en la Inglaterra del siglo XVII, es cuando se empieza a disfrutar de la maldad y la turbación expuesta con exquisita bilis por Lanthimos. El director griego ilustra con imágenes el endiablado guión de Deborah Davis y Tony McNamara, unas imágenes que lo mismo beben de referencias cultas (la pintura de Vermeer) que de culto (el film Angst, de Gerald Kargl). La fotografía de Robbie Ryan aprovecha al máximo la luz natural de los escenarios y la expresividad dramática de las sombras, además de cuidar la paleta de colores para reforzar todos los elementos de la producción: vestuario, maquillaje, peluquería, atrezzo... El resultado es fascinante, a veces hipnótico, debido al contraste producido entre la belleza visual y la violencia emocional, ambas respaldadas por una selección de músicas que incluye piezas de Bach, Vivaldi, Purcell o Handl. La banda sonora contiene también composiciones contemporáneas de Anna Meredith y Luc Ferrari, que conjugan bien con los clásicos y evidencian la vocación transgresora e irreverente que mantiene la película respecto a lo cánones acostumbrados del cine histórico, tantas veces aquejado de academicismo.
A pesar de que La favorita asume numerosos riesgos que bordean el capricho de autor, algunos de ellos desafortunados (los planos filmados con lentes angulares), la película se sostiene gracias a su poderoso relato y a las actrices capaces de hacerlo creíble. Un trío en estado de gracia formado por Emma Stone, Rachel Weisz y Olivia Colman, quienes se dejan la piel en la pantalla y deslumbran con sus interpretaciones llenas de quiebros y matices. El reparto contiene muchos otros nombres y todos ellos logran gobernar la excentricidad de los personajes, en un conjunto que camina en todo momento entre la comedia absurda y la tragedia clásica.
En definitiva, Yorgos Lanthimos logra recuperar el espíritu de la novela galante añadiendo dosis de geopolítica y de sadismo, en un ardid de conjuras sentimentales y luchas de poder. La favorita es un festín de hiel, una película que convierte lo vulgar en sublime y lo cruel en refinado.

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