Disobedience. 2017, Sebastián Lelio

Justo después de alcanzar el éxito en el panorama internacional gracias a Una mujer fantástica, el cineasta Sebastián Lelio estrena Disobedience, su primer trabajo rodado fuera de su Chile natal. La película también añade otras novedades destacables, como la de partir de una fuente literaria y trabajar con un guionista distinto de Gonzalo Maza, su colaborador habitual. En esta ocasión, Lelio se hace acompañar por Rebecca Lenkiewicz para adaptar la novela homónima de Naomi Alderman, un texto que relata los intentos de dos mujeres por reavivar su antigua relación en contra de las difíciles circunstancias que las rodean. Se trata de un drama de sentimientos que es, a la vez, un alegato en favor de la libertad personal en medio de un entorno marcado por los prejuicios y las tradiciones.
La acción se sitúa en Londres, en el seno de una comunidad de judíos hortodoxos a la que regresa Ronit, interpretada por Rachel Weisz. El motivo de su vuelta es el fallecimiento de su padre, un rabino venerado por todos, de quien ella se distanció años atrás. El tono gris y melancólico que se imprime en estas primeras escenas marcará el resto del metraje, gracias a la frialdad con la que Danny Cohen trata la fotografía y al calculado distanciamiento que Lelio mantiene con los personajes. Las pasiones que contiene Disobedience están soterradas bajo capas de mesura y contención, sin duda la mejor manera de que el espectador se involucre en la trama y sienta incertidumbre por el desenlace. Lelio sabe que la exhibición de sentimientos puede causar impacto en un momento determinado, pero termina cansando y perdiendo credibilidad a largo plazo. Por eso opta por mantener un tono discreto, acorde al idilio que viven las protagonistas.
La pareja de Ronit es Esti, encarnada por Rachel McAdams, a su vez la esposa del personaje representado por Alessandro Nivola. Los tres actores componen un triángulo perfectamente equilibrado y capaz de traslucir las tormentas que guardan bajo la piel sin necesidad de realizar aspavientos ni gestos recurrentes: todo en ellos proyecta verosimilitud, así como las situaciones en las que se ven envueltos. Los sonidos atmosféricos que Matthew Herbert incluye en la música aportan la espiritualidad y el carácter íntimo que hacen de Disobedience una película especial, emotiva y sugerente, la prueba de que Sebastián Lelio es un cineasta con muchas cosas que contar dentro y fuera de su país de origen.
A continuación, uno de los temas que integran la banda sonora compuesta por Herbert. Una pieza evocadora de ejecución minimalista y cuerdas cuya emoción se describe en el título. Que la disfruten:

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