Infiltrado en el KKKlan. "BlacKkKlansman" 2018, Spike Lee

Hay directores combativos que nunca separan el compromiso de la ficción. Nombres como Ken Loach, Jafar Panahi o los hermanos Dardenne, además de otros que lo hacen desde la industria de Hollywood como Spike Lee. Lo que diferencia a este último de los anteriores es la ausencia de naturalismo y su inmersión en diferentes géneros, tal y como sucede en Infiltrado en el KKKlan. En esta ocasión, Lee se sirve de un hecho sorprendentemente real adaptado de la novela autobiográfica de Ron Stallworth, un oficial de policía que logró contactar y establecer confianza con el Ku Kux Klan de Colorado Springs a principios de los años setenta. Lo excepcional es que se trata de un detective de raza negra, algo que sus interlocutores ignoran y que da lugar a situaciones narradas en tono de sátira caricaturesca.
El protagonista está interpretado con convencimiento por John David Washington, quien se acompaña del siempre eficaz Adam Driver y de un buen número de actores siempre al borde del exceso. La película pertenece al género de la comedia policíaca, lo que exige simulación y cierta impustura que el director sabe controlar mediante recursos argumentales y estéticos. Lee muestra sus habilidades en la planificación, buscando puntos de vista estimulantes y de riqueza visual que se articulan en el montaje de Barry Alexander Brown. Los ejemplos más llamativos se encuentran en la escena del discurso de Kwame Touré o en algunos travelling característicos de Spike Lee, como el del final en el pasillo.
La película tiene una producción meticulosa y un acabado que exhibe personalidad, lo que queda patente en la fotografía de Chayse Irvin y en la música de Terence Blanchard. El primero utiliza una evocadora paleta de tonalidades ocres, mientras que el segundo, colaborador habitual de Lee, conjuga los sonidos setenteros con orquestaciones suntuosas. A pesar del espíritu irreverente y ligero que posee Infiltrado en el KKKlan, en sus imágenes resuena la denuncia de Spike Lee en contra de las desigualdades raciales y la arbitrariedad de un sistema que no protege a las minorías. El director cuenta con un aliado en la causa y es Jordan Peele, quien ejerce aquí de productor ayudando a completar un conjunto divertido y vibrante, capaz de desvelar la naturaleza de un monstruo cuyos tentáculos amenazan todavía hoy, como se ve en las secuencias de los informativos que cierran el film. Un epílogo que permite contraponer la realidad y su representación, la farsa con la terrible verdad de un racismo que continúa vigente y auspiciado por los estamentos del poder conservador.

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